Por: Ing. Nerea Calderón – Área Proyectos INDEGAP
El olivo es una especie rústica y longeva, pero su tolerancia al frío es moderada y está lejos de ser absoluta. Depende de múltiples factores: la variedad, el órgano afectado (hojas, ramas, raíces), la edad de la planta, su estado fisiológico y el microclima en el que crece.
A diferencia de los cultivos caducifolios, donde la hoja cae en otoño y la planta queda protegida, el olivo mantiene su follaje durante todo el invierno. Esto convierte a la hoja en un órgano expuesto y susceptible al daño térmico.
En regiones como la nuestra, con inviernos marcados, las heladas pueden provocar daños visibles e invisibles que afectan el crecimiento, la producción e incluso la supervivencia de los árboles. No existe una temperatura única a partir de la cual el olivo se daña. Hablar de un “límite térmico” fijo no es correcto, porque ese umbral cambia según múltiples factores:
- Una rama leñosa de una planta en reposo puede tolerar temperaturas que matarían brotes tiernos.
- Un cultivar como Arbequina se comporta distinto si está en una loma ventilada que si está en un bajo encajonado.
- Un olivo bien lignificado, sin exceso de nitrógeno y adaptado al sitio, resiste mejor que uno forzado a brotar en otoño.
¿Cómo reconocer el daño?
Los síntomas no siempre aparecen inmediatamente. Pueden verse desde pocos días después hasta bien entrada la primavera. Los más frecuentes incluyen:
- Hojas amarillas o marrones, a veces aún adheridas al árbol.
- Brotes secos, quemados o con muerte regresiva.
- Grietas longitudinales en ramas o troncos.
- Oscurecimiento del tejido interno o caída de la corteza.
- Brotaciones irregulares o pérdida de elasticidad en ramas jóvenes.

¿Todas las variedades se comportan igual?
No. Existen diferencias genéticas claras entre cultivares. Algunos tienen mayor capacidad de soportar condiciones frías, otros son más vulnerables. Sin embargo, esa resistencia no es un valor absoluto:
La misma variedad puede comportarse de forma distinta según el lugar, el manejo y el entorno térmico.
Por eso, en INDEGAP no hablamos solo de clima general, sino de microclima real: el comportamiento térmico específico de cada sector de la finca. Topografía, exposición, manejo, suelo, cobertura vegetal y estructuras cercanas pueden generar diferencias de 3 a 5 °C dentro de una misma propiedad.
De igual manera, no es lo mismo una helada de una determinada magnitud en floración que en otoño. Una helada durante la floración puede comprometer toda la producción, mientras que otra de igual intensidad en otoño tal vez no genere impacto inmediato.

¿Qué propone INDEGAP?
- Zonificar térmicamente la finca para detectar sectores de riesgo.
- Instalar sensores datalogger que permitan conocer la temperatura real que experimenta cada planta.
- En base a esa información, decidir qué cultivar conviene plantar, dónde y con qué manejo.
- Aplicar estrategias fisiológicas que aumenten la tolerancia: buena lignificación, nutrición equilibrada y prevención de brotaciones extemporáneas.
¿Qué hacer si hubo daño?
Primero, no apurarse. El verdadero alcance del daño se ve a fines de primavera. Conviene:
- Podar solo lo visiblemente seco.
- No hacer cortes drásticos innecesarios.
- Estimular el rebrote en casos severos.
- Cuidar el riego y evitar excesos de nitrógeno.
- Reconducir plantas jóvenes si la parte aérea colapsó.
¿Y para prevenir?
- Elegir variedades adaptadas al microclima real, no al promedio regional.
- Evitar fertilizaciones nitrogenadas exageradas y tardías.
- Mejorar el drenaje del suelo.
- Monitorear el pronóstico y tener planes de contingencia.
- Instalar sensores en las zonas más vulnerables.
Dato útil:
Después de una helada, puede aparecer tuberculosis del olivo (Pseudomonas savastanoi), que aprovecha heridas por frío para ingresar a la planta. Las agallas en ramas y brotes pueden estar vinculadas al evento térmico y disminuir la productividad del cultivo.
Otro dato útil:
En especies de hoja perenne como el olivo, las temperaturas bajas sostenidas pueden provocar un fenómeno llamado daño por chilling. Este daño no implica congelamiento, pero sí una disfunción fisiológica: el complejo fotosintético de las hojas se desestabiliza, disminuyendo la capacidad de captar luz y realizar fotosíntesis de manera eficiente. Algunas plantas logran adaptar este sistema a condiciones frías, pero en muchos casos, esta transición genera pérdida temporal de rendimiento fisiológico.



Deja un comentario