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Agostamiento y más allá: la etapa que decide si tu viñedo prospera o se apaga

Autores: Dra. Rosalía Paz y Dr. Francisco Gonzalez Antivilo

La acumulación de reservas en la vid es un proceso dinámico que acompaña todo el ciclo anual de la planta, ajustándose al estado fenológico, al clima y al manejo del cultivo. A lo largo del año, las reservas se acumulan, se redistribuyen y se consumen según las necesidades de cada etapa. Pero es en otoño, durante el agostamiento, cuando la planta realiza su mayor “depósito de ahorro” para afrontar el futuro.
El almidón, principal forma de reserva energética, se acumula con mayor intensidad en raíces y tronco, mientras que en las cañas se mantiene en niveles mucho más bajos. Esta modulación refleja el rol de cada órgano en el abastecimiento energético del ciclo productivo y justifica la importancia de monitorear las reservas con precisión al finalizar la temporada.

Estas reservas resultan cruciales en el momento de brotación, una etapa largamente esperada por los productores, ya que marca el reinicio visible del nuevo ciclo productivo. Durante las primeras semanas, las yemas dependen de las reservas inmediatas almacenadas en las cañas, pero a medida que los brotes crecen y su demanda energética aumenta, recurren a depósitos más profundos, como el tronco y las raíces. Hasta que la canopia no alcanza un desarrollo suficiente para sostenerse con su propia fotosíntesis, toda la estructura aérea vive de esos ahorros acumulados en el ciclo anterior. Así, el agostamiento se consolida como una fase estratégica para asegurar la continuidad y el vigor de la planta en el año siguiente. Pero ¿qué pasa cuando la vid no logra acumular niveles adecuados de reservas?

Gráfico que muestra la variación de temperatura media y los niveles de almidón en raíces, tronco y cañas de vid a lo largo de varios años, destacando las fases vegetativas y de dormición.
Figura 1. Se ilustra la evolución de la temperatura media y la evolución de las reservas de almidón en cañas, troncos y raíces de la variedad de vid Chasselas del año 2001 al 2003. Tener en cuenta que este estudio se hizo en el hemisferio Norte. Se observan los picos de consumo de las reservas desde al inicio de la brotación y su máxima acumulación hacia el final de la cosecha. Adaptado de Zufferey et al., 2005 (http://dx.doi.org/10.5073/vitis.2015.54.183-188)
Imagen que muestra secciones de cañas y raíces en diferentes etapas de la vid, destacando los cambios en el almacenamiento de reservas de energía durante la etapa de dormición y vegetativa.
Figura 2. Se observa como evolucionan las reservas de almidón en cañas y raíces a lo largo del ciclo productivo. En la foto, los gránulos de almidón fueron coloreados con Lugol, viéndose como puntos negros en los cortes. Se ve como se como la acumulación es máxima durante la dormición, y como las reservas se van consumiendo gradualmente hacia el momento de la cosecha. Cortes de troncos y raíces de la variedad de vid Pinot noir. Adaptado de Zapata et al., 2004 (https://doi.org/10.1016/j.jplph.2003.11.009)

Solo resta tener en cuenta que todas las variedades de vid siguen la misma dinámica con algunas diferencias cuali- y cuantitativas. Por eso hay que medir.

El quiebre del sistema: El desbalance energético.

Una brotación irregular, con brotes débiles o asimétricos, puede tener múltiples causas. Pero entre ellas, el mal agostamiento ocupa un lugar central. Cuando la planta no logra completar esta fase de acumulación, entra debilitada al invierno y se vuelve más vulnerable al estrés ambiental y fisiológico del nuevo ciclo.

Estudios científicos han demostrado que una defoliación prematura y severa —superior al 60 % del follaje— reduce drásticamente la tasa fotosintética y, con ello, la acumulación de reservas. Si esta situación se repite durante dos temporadas consecutivas, se generan efectos acumulativos que impactan directamente en la fertilidad de las yemas, el rendimiento, la maduración y la capacidad de recuperación del cultivo.

Este proceso de desvigor puede deberse a decisiones de manejo como la suspensión prematura del riego en postcosecha, deficiencias nutricionales (especialmente de N y K), podas anticipadas, cosechas tardías o una carga excesiva. Pero también puede verse agravado por factores climáticos disruptivos, como heladas tempranas, granizo o estrés térmico prolongado que acelera la senescencia foliar. En todos los casos, el resultado es el mismo: la planta intenta brotar, pero no tiene con qué sostener el inicio del nuevo ciclo.

El agostamiento es mucho más que una señal de fin de temporada: es una etapa determinante para la sustentabilidad del cultivo. Reconocer su importancia, medir su efectividad y atender sus puntos críticos permite anticipar escenarios de riesgo y tomar mejores decisiones de manejo. Ojalá que, a través de este artículo, podamos ayudar a mirar el agostamiento con otros ojos, entendiendo que el futuro de la vid, en gran parte, se construye con lo que logra guardar en silencio antes del descanso.

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El mejor momento para este estudio es ahora: entre abril y mayo.

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